abril 20, 2009

TERRITORIO, DESARROLLO SOSTENIBLE Y PARTICIPACION

Por Ángel Sosa Frías

¿Sabes qué dice Nietzsche? Querer llegar a la certeza
en el saber es como querer andar sobre seguro:
una cobardía. Hay que poner manos
a la obra; el sólo hablar no basta.
R. Musil “El hombre sin atributos”, Vol. II



Hablar de Territorio y Desarrollo Sostenible es tocar los hilos más profundos de nuestra existencia. El tema en sentido general abarca la relación naturaleza y sociedad. Recoge conceptos bastantes usados como calidad de vida, medio ambiente, actividad productiva, riesgo, estabilidad, economía, política y un largo etcétera.

En los últimos 20 años se ha hablado mucho sobre estos tres tópicos: territorio, desarrollo sostenible y la importancia de la participación de la comunidad. Es tiempo de que pongamos manos a la obra. Hay que comenzar a poner en práctica todos los planteamientos que se han hecho. Los políticos, que tienen la mayoría de las decisiones sobre el territorio, tienen que comenzar a tomar conciencia sobre la base de una educación integral, que nos permita desarrollar nuestras ciudades sin perder la sensibilidad a los problemas del medio ambiente.

Es bueno que veamos a continuación los últimos eventos que se han suscitado en nuestra región y que sólo han servido para recoger una serie de informaciones y recomendaciones, que se han quedado sólo en buenos deseos:

1. En 1992, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocida también como “Cumbre de la Tierra”, dio inicio al proceso de transición hacia un nuevo régimen internacional en materia ambiental. En el Programa 21, adoptado en esa oportunidad, se identificaron los recursos financieros y técnicos necesarios para que el desarrollo sostenible se vuelva realidad, particularmente en los países subdesarrollados.



2. El Plan de Acción de Barbados adoptado en 1994 por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de los Pequeños Estados Insulares en desarrollo, la primera Conferencia post-CNUMAD, planteó claramente los temas claves que deben ser abordados en la búsqueda del desarrollo sostenible de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS).


3. Cumbre de las Américas sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en Santa Cruz de la Sierra en 1996 (Declaración y Plan de Acción).

4. En la Cumbre del Milenio, realizada en el año 2000, los Jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo adoptaron de común acuerdo un plan de largo alcance para facilitar el logro de objetivos mundiales a comienzos del presente siglo.

5. En la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, que tuvo lugar en Monterrey (México) en 2002, fue un gran paso adelante en los esfuerzos por alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio y reducir la brecha en el cumplimiento de las metas del Programa 21.


6. Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Johannesburgo en 2002 (Declaración y Plan de Aplicación). A partir de esta cumbre se reconocen los avances, principalmente en lo que se refiere a la toma de conciencia y a la entrada en vigor de normas jurídicas nacionales e internacionales. Sin embargo, persisten importantes desafíos y se presentan nuevos imperativos para tomar el desarrollo sostenible en realidad y para materializar los cambios necesarios de los actuales modelos de desarrollo. Es indispensable revertir las tendencias actuales de degradación ambiental del medio natural del medio urbano y, en particular, eliminar a un ritmo vigoroso la pobreza y la inequidad, que afligen a los países como los nuestros.

7. CUMBRE IBEROAMERICANA DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO, en Santa Cruz de Sierra, del 14 al 15 de noviembre de 2003. Reconocen que la lucha contra la pobreza es esencial para la promoción y consolidación de la democracia y constituye una responsabilidad común y compartida de nuestros Estados y de la Comunidad Internacional.


8. Declaración de Santa Cruz + 10, sobre Desarrollo Sostenible, celebrada el 5 de diciembre de 2006. En esta declaración se presentó un documento que contiene un detallado plan estratégico de acción para optimizar la gestión sostenible de los recursos hídricos, reducir los riesgos de desastres naturales y convertir la promesa de prácticas sostenibles en materia agrícola, forestales y de turismo, en resultados concretos.

Todos declaran que la superación de la pobreza requiere de la aplicación de políticas integrales definidas y desarrolladas por el Estado con la participación de todos los sectores de la sociedad, siendo el crecimiento económico una condición necesaria pero no suficiente para promover una mejor calidad de vida, superar la pobreza y eliminar la exclusión social.

Reiteran su empeño en el fortalecimiento institucional del Estado, en lograr administraciones públicas más eficaces y transparentes y en promover los instrumentos necesarios para una mayor participación de la sociedad civil en el proceso de toma de decisiones.

Está claro desde hace más de 20 años que el desarrollo sostenible consiste en satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades. El Desarrollo Sostenible más que eso, se trata de justicia social, equidad y respeto por los derechos humanos de las generaciones futuras.

Dos decenios han pasado desde que se argumentó que la humanidad estaba traspasando los límites de la sostenibilidad y agotando los activos ecológicos del mundo de una manera que comprometía el bienestar de las generaciones futuras. También se argumentaba que la gran mayoría de la población tenía poca participación en el uso excesivo de los recursos limitados. Todo esto ha sido producto de la desigualdad de oportunidades y de distribución de la riqueza.

Si analizamos desde el principio que se empezó a hablar sobre Desarrollo Sostenible y analizamos el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su Informe sobre Desarrollo Humano de 1996, estableció los siguientes vínculos entre crecimiento económico y desarrollo para que sea sostenible: Equidad: Cuanto mayor sea la igualdad con que se distribuyan el PNB y las oportunidades económicas, tanto más probable será que se traduzcan en un mejoramiento del bienestar humano. Oportunidades de empleo: El crecimiento económico se concreta en la vida de la gente cuando se le ofrece trabajo productivo y bien remunerado. Acceso a bienes de producción: Las oportunidades económicas de mucha gente pueden incrementarse con acceso a bienes de producción, en particular la tierra, la infraestructura física y el crédito financiero; el estado puede hacer mucho en todas esas esferas, interviniendo para tratar de nivelar el terreno de juego. Gasto social: Los gobiernos y las comunidades deben encauzar una parte importante del ingreso público hacia el gasto social más prioritario, en particular mediante la prestación de servicios sociales básicos para todos. Igualdad de género: Al brindar a la mujer mejores oportunidades y mejor acceso a la enseñanza, las guarderías infantiles, el crédito y el empleo. Buen gobierno: Quienes detentan el poder asignan gran prioridad a las necesidades de toda la población y la gente participa en la toma de decisiones en muchos niveles. Una sociedad civil activa: Las organizaciones no gubernamentales y los grupos de la comunidad no sólo complementan los servicios gubernamentales haciendo llegar los servicios a la población meta, sino que además desempeñan una función esencial al movilizar la opinión pública y la acción de la comunidad a ayudar a determinar las prioridades del desarrollo humano.

Si vemos el último Informe sobre Desarrollo Humano, 2007-2008, establece los mismos criterios de desigualdad que afloraban en el mundo en la década de los 90’s, sobre todo en los países de América Latina: equidad, oportunidades de empleo, Acceso a bienes de producción, Gasto Social, Igualdad de género, Bueno gobierno y una sociedad más activa. La diferencia es que hoy se vive con mayor dramatismo que antes, hoy estamos viviendo la pesadilla del cambio climático y el efecto invernadero.

El cambio climático constituye hoy en día una amenaza sin precedentes. En términos más inmediatos se trata de una amenaza para los más pobres y más vulnerables del mundo: ellos ya viven el calentamiento global. Los países ricos deben asumir su responsabilidad histórica. Sus ciudades más industrializadas, con mayor participación tecnológica en el mercado global dejan la mayor huella ecológica en la atmósfera de nuestra tierra.

"Es evidente que se necesitan, de forma dramática, nuevos enfoques para poder traducir el desarrollo sostenible en acciones que nos ayuden a cumplir con las Metas de Desarrollo del Milenio, que tratan urgentemente dos de los retos que enfrenta el hemisferio, la pobreza y la inequidad", manifestó Alfonso Quiñones, Secretario Ejecutivo de la OEA para el Desarrollo Integral.


Si el Desarrollo Sostenible satisface las necesidades presentes sin poner en peligro las de las generaciones futuras", también debe articular "la compatibilidad entre las dinámicas social, económica, cultural y ambiental, tanto en el presente como en el futuro".

Ambos aspectos deben apuntar hacia dos perspectivas. Por una parte, una concepción de desarrollo que toma en cuenta que la utilización de los recursos en el presente, no debe comprometer la existencia de los mismos en el futuro. Esta idea del Desarrollo Sostenible se ubica en una visión conservacionista, orientada hacia mecanismos de regulación ambiental que permitan asegurar la sobrevivencia de las generaciones futuras. Por la otra, encontramos una posición que remite a una concepción integral del Desarrollo Sostenible, toda vez que destaca la importancia de la relación de las dimensiones social, económica, cultural, territorial y ambiental para que exista viabilidad de un desarrollo que, además de preservar los recursos, pueda perdurar en el tiempo.

Este último juicio tiene mucha importancia, puesto que si no hay visión integral del desarrollo humano, es difícil que ningún modelo de desarrollo pueda perdurar en el tiempo si no es en desmedro de algunos de sus componentes.

Los grupos económicos que liderean la política económica mundial, tienden a presentar un cuadro que manifiesta una preocupación por las poblaciones futuras, muchas veces manteniendo el mismo esquema de desarrollo del capital productivo, esto naturalmente implica un reto para los países subdesarrollados, sobre todo para América Latina. Por eso es necesario destacar que tanto para América Latina, en particular, como para el resto de los países subdesarrollados, en general, el diseño de esquemas viables de desarrollo sostenible debe tener en cuenta algunos aspectos, como son:
-un adecuado balance entre la necesidad de satisfacer las necesidades de la generación actual y las generaciones futuras;
-el reconocimiento de que la erradicación de la pobreza y la protección ambiental están estrechamente ligadas;
-la aceptación de que la protección ambiental y el desarrollo económico requieren soluciones globales, dado el carácter global e interrelacionado de los principales problemas ambientales, pero sin renunciar a la necesidad de fortalecer la identidad de cada país y su capacidad para diseñar y poner en práctica estrategias propias de desarrollo socioeconómico sostenible;
-el requerimiento de que las estrategias nacionales de desarrollo deben asegurar la expansión productiva, la elevación de los niveles de vida de la mayoría de la población y la solución de los graves sociales, la corrección de los problemas ambientales del pasado y la prevención de un ulterior deterioro del medio;
-la necesidad de desarrollar capacidades tecnológicas endógenas, a los efectos de reducir la dependencia de las tecnologías importadas y dar solución a determinados problemas socioeconómicos y ambientales que sean propios de estos países, para los cuales no existan tecnologías disponibles que importar desde el exterior;
-la especial atención que debe brindarse a las posibilidades de fomentar la transferencia de tecnologías entre países subdesarrollados, materia de formación de personal calificado, ampliación de las capacidades de investigación y desarrollo, entre otras áreas; y
-el reconocimiento de la participación activa que deben tener los gobiernos en el diseño y puesta en práctica de los proyectos de desarrollo sostenible.

- La inserción de las universidades en las discusiones y en la preparación de los proyectos que incidan en el territorio a fin de garantizar una concepción más científica y ética del problema.

Por último, tenemos que buscar paradigmas o explorar nuevas alternativas que permitan garantizar la calidad de vida dentro de nuestras ciudades. Esta relación que implica desarrollo sostenible y territorio, tiene que darse a través de la participación ciudadana.

Hoy en día, la Planificación del Territorio tiene que darse a través de la búsqueda y el consenso entre los sectores sociales que tienen incidencia en la población, a través de un liderazgo participativo. La población de nuestras ciudades tiene que tener una visión social sobre los problemas para que pueda empoderarse e identificarse con ellos.

En la medida en que cohesionamos territorio, identidad y participación social, permite la definición de una imagen mental de los pobladores, dando mayor sentido de pertenencia en el territorio. Este esquema social, se inscribe en el ámbito de nuestras ciudades, sobre todo en el contexto de nuestras comunidades, en particular en el ámbito residencial, que es el escenario apropiado para esta comprensión.

En efecto, toda comunidad, entendida como el conjunto de relaciones y transacciones de un grupo de personas asentado sobre un territorio geográfico determinado, deviene de la interrelación que a lo largo del tiempo entablan las personas entre sí y con su entorno (Sánchez y Wiesenfeld, 1983; Sawaia,1995).

Esa relación permanente genera un sentimiento de comunidad característico de los asentamientos residenciales u otros entornos donde emergen redes de relaciones y diferentes procesos sociales.

Esta interrelación se refiere también a los procesos de apropiación y transformación del espacio, donde el territorio es transformado en la medida que la comunidad se apropia de él y lo dota de significados (Ontiveros, 1995). Todo ello se articula al concepto de identidad de una comunidad.

De acuerdo a esta idea, aquellos asentamientos que desarrollen una fuerte identidad social urbana, contarán con mejores condiciones para lograr un Desarrollo Sostenible, ya que podrán lograr una mayor compatibilidad entre las diferentes dimensiones que componen el concepto.
Las comunidades que no participan en el proceso de construcción de su propio espacio y tienen identidades sociales urbanas débiles, en las que no existen nexos socio afectivos o sentimientos de comunidad entre los pobladores ni apropiación cultural de los espacios públicos, emerge la desarticulación social y la desintegración, lo que genera condiciones adversas para el Desarrollo Sostenible.
Con base en lo que hemos dicho, consideramos que el Desarrollo Sostenible debe redefinirse en función de una concepción sociohistórica acerca de sus diferentes dimensiones. Esto significa que la sostenibilidad no se decreta ni puede imponerse como una condición aislada de su contexto.

Compartimos la idea de que el Desarrollo Sostenible es un proceso de búsqueda de equilibrio entre sus componentes, el cual permite tomar decisiones que representen los intereses de las generaciones actuales y las futuras.

Ello exige una comprensión de los contextos en los cuales se desea promover la sostenibilidad. Esto resulta en particular necesario para nuestra región latinoamericana, caracterizada por altos índices de pobreza, desigual distribución de los recursos, altos niveles de contaminación y deterioro ambiental, graves problemas económicos, inseguridad y violencia.

No debemos olvidar que nuestros países han sido históricamente proveedores de materia prima e insumos para el desarrollo del llamado "primer mundo", lo que ha rezagado nuestro desarrollo por la adopción de modelos de producción impuestos según los intereses foráneos, y ajenos a los nuestros.

Hay autores como García, Rodríguez y Suárez (1997) que señalan la necesidad de destacar la dimensión ética y política del Desarrollo Sostenible, al interrogar si es posible un modelo de desarrollo en un contexto que, como el nuestro, ofrece graves distorsiones en el plano social, económico y ambiental. Expresan que no es posible trabajar por un Desarrollo Sostenible si no se proponen estrategias que permitan transformar estos aspectos de nuestra realidad.

Finalmente, no es posible un desarrollo sostenible sin la participación de todos los actores que inciden en el desarrollo local de nuestras ciudades, que son los que en última instancia, deciden el tipo de ciudad que quieren vivir: gobierno central, gobiernos locales, instituciones judiciales, legislativas, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, organizaciones empresariales, religiosas, académicas. Es necesario empoderar todos estos sectores de la importancia de vivir dentro de un territorio más sostenible y con un mayor nivel de participación.

En sentido general, el diseño y la puesta en práctica de un esquema integral de desarrollo sostenible en América Latina enfrenta múltiples obstáculos, muchos de los cuales sólo se irán venciendo en la medida en que se fortalezcan y consoliden las fuerzas socio-políticas realmente interesadas en representar las aspiraciones e intereses de los más amplios sectores de la población.